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Contaminantes invisibles

Hola, amigos del microscópio

En un laboratorio no siempre podemos ver aquello que amenaza nuestro trabajo. No hace falta encontrar una placa cubierta de colonias, observar una muestra turbia o notar un olor extraño. Una cantidad microscópica de ADN, una gota invisible, una célula desprendida de nuestra piel o una partícula de polvo puede ser suficiente para modificar un resultado.

La contaminación puede provocar falsos positivos, alterar cultivos celulares, modificar análisis químicos, confundir la identificación de un microorganismo o hacer que días (incluso meses) de trabajo pierdan su validez.

Por eso, una de las tareas más importantes del personal técnico no consiste únicamente en analizar lo que debería estar presente. También debemos comprobar que nada que no debería estar ahí se haya colado en el proceso con las buenas prácticas clínicas_

➤ ¿Qué significa contaminar una muestra?

Hablamos de contaminación cuando una sustancia, microorganismo, material genético, partícula o muestra ajena entra accidentalmente en un proceso y puede alterar su resultado.

El contaminante no tiene que ser necesariamente peligroso para la salud. Una bacteria puede representar un riesgo biológico, pero una pequeña cantidad de ADN procedente de otra muestra también puede ser un contaminante aunque no sea infecciosa.

Del mismo modo, una sustancia puede ser peligrosa para el trabajador sin afectar directamente al análisis. Por eso debemos diferenciar entre:

  • La contaminación que compromete la muestra o el resultado.
  • La exposición a un agente peligroso para la persona.
  • La liberación de un contaminante al medioambiente.

En algunas situaciones pueden producirse los tres riesgos al mismo tiempo.

➤ El micoplasma: el contaminante que puede pasar desapercibido

El micoplasma es uno de los contaminantes más temidos en los laboratorios de cultivos celulares.

Es difícil de detectar a simple vista porque puede no producir la turbidez (característica que asociamos a una contaminación bacteriana). Las células pueden continuar creciendo mientras cambian lentamente su metabolismo, su expresión génica o su respuesta experimental.

Esto significa que un cultivo puede parecer normal y, aun así, estar generando resultados alterados.

El micoplasma puede entrar mediante nuevas líneas celulares, reactivos contaminados, aerosoles o una mala técnica de trabajo. Por eso se recomienda realizar controles periódicos mediante técnicas específicas, como PCR, cultivo u otros métodos de detección.

Una incubadora llena de cultivos aparentemente sanos puede esconder un problema que afecte a todo el laboratorio.

➤ Contaminación molecular: cuando el ADN se convierte en el problema

La PCR es una técnica extremadamente sensible. Esa sensibilidad permite detectar cantidades muy pequeñas de material genético, pero también hace que la técnica sea especialmente vulnerable a la contaminación.

Durante una PCR se producen millones de copias de una región concreta de ADN. Estas copias, llamadas amplicones, pueden dispersarse mediante gotas o aerosoles y quedar sobre:

  • Pipetas.
  • Guantes.
  • Gradillas.
  • Mesas.
  • Equipos.
  • Pomos.
  • Batas.
  • Tubos.
  • Superficies próximas.

Si una pequeña cantidad llega a una nueva reacción, puede aparecer una señal positiva aunque la muestra original no contenga la secuencia que buscábamos.

Es decir, podríamos obtener un falso positivo.

Para reducir este riesgo, el laboratorio molecular debe organizarse siguiendo un flujo unidireccional:

  1. Preparación de reactivos.
  2. Preparación y extracción de las muestras.
  3. Amplificación.
  4. Análisis posterior a la amplificación.

El movimiento debe producirse desde las áreas más limpias hacia las zonas donde existe mayor concentración de ADN amplificado. No deberíamos volver a la zona de reactivos con los mismos guantes, bata, pipetas o materiales utilizados en post-PCR.

Los CDC recomiendan separar físicamente las áreas y evitar el regreso de muestras, reactivos o equipos a etapas anteriores del proceso. (CDC: prevención de la contaminación en pruebas moleculare)

En este tipo de laboratorio, incluso una pipeta puede tener un lugar asignado del que nunca debería salir.

➤ Contaminación cruzada entre muestras

La contaminación cruzada aparece cuando una muestra transfiere parte de su contenido a otra.

Puede ocurrir:

  • Al cambiar incorrectamente una punta.
  • Al tocar el borde de varios recipientes.
  • Al salpicar durante el pipeteo.
  • Al abrir tubos con movimientos bruscos.
  • Al trabajar con demasiadas muestras simultáneamente.
  • Al utilizar material compartido.
  • Durante la centrifugación.
  • Dentro de determinados sistemas automatizados.
  • Al limpiar incorrectamente una superficie.

En un laboratorio clínico, una muestra con una concentración muy elevada de un analito podría producir un arrastre o carryover hacia la muestra procesada después.

Por eso los analizadores deben evaluarse, mantenerse y limpiarse siguiendo los procedimientos establecidos. Cuando aparecen resultados inesperados en una secuencia concreta, el personal técnico debe valorar si puede existir un efecto de arrastre.

La automatización reduce muchas tareas manuales, pero no elimina por completo la posibilidad de contaminación.

➤ Los contaminantes químicos también cuentan

Una contaminación química no siempre se presenta como un gran derrame.

Puede proceder de:

  • Detergentes.
  • Desinfectantes.
  • Disolventes.
  • Metales.
  • Lubricantes.
  • Reactivos deteriorados.
  • Residuos de análisis anteriores.
  • Materiales plásticos.
  • Recipientes inadecuados.
  • Agua de mala calidad.

En técnicas muy sensibles, como el análisis de trazas, una cantidad mínima puede ser suficiente para modificar la medición.

Imaginemos que queremos determinar la presencia de un metal en una muestra ambiental. Si el recipiente, el agua o el material utilizado ya contienen pequeñas cantidades de ese elemento, podríamos detectar algo que no procedía realmente de la muestra.

Por eso se utilizan blancos analíticos. Un blanco contiene los componentes del procedimiento, pero no la muestra que queremos estudiar. Si aparece señal en él, debemos sospechar que el proceso, los reactivos o el material pueden estar contaminados.

El agua también es un reactivo. Su calidad debe corresponderse con el uso previsto y no debería asumirse que es adecuada simplemente porque parece transparente.

➤ Polvo, fibras y partículas: lo que flota en el aire

El aire transporta partículas procedentes del exterior, los equipos y las propias personas.

Podemos liberar:

  • Células de la piel.
  • Cabello.
  • Fibras de la ropa.
  • Gotas respiratorias.
  • Polvo.
  • Microorganismos.
  • Residuos de productos cosméticos.

En un laboratorio convencional, una pequeña cantidad de polvo puede no afectar al proceso. Sin embargo, en una sala blanca, una unidad de producción estéril o un análisis de partículas, su presencia puede resultar crítica.

Por eso las salas limpias controlan la concentración de partículas en el aire. La serie ISO 14644 establece criterios para clasificar y monitorizar estos espacios según su limpieza ambiental.

El comportamiento del personal es especialmente importante. Entrar con la ropa incorrecta, realizar movimientos bruscos, tocar superficies o colocarse mal los guantes puede introducir partículas en una zona controlada.

Una sala blanca no es limpia únicamente porque sus superficies sean blancas. Lo es porque el aire, la presión, las partículas, los materiales y la actividad del personal se encuentran controlados y monitorizados. Por otro lado, el propio personal puede convertirse en una fuente de contaminación

Esta afirmación no pretende culpabilizar a quienes trabajamos en el laboratorio. Las personas generamos partículas y transportamos microorganismos de manera natural.

El problema aparece cuando no adaptamos nuestro comportamiento al nivel de limpieza necesario.

Algunos errores frecuentes pueden ser:

  • Utilizar el teléfono con guantes.
  • Tocarse la cara o el cabello.
  • Pasar de una zona contaminada a otra limpia.
  • No cambiar los guantes cuando corresponde.
  • Hablar directamente sobre una muestra abierta.
  • Bloquear las rejillas de una cabina.
  • Introducir demasiado material en la zona de trabajo.
  • Mover los brazos rápidamente dentro de una cabina.
  • Reutilizar material desechable.
  • Abrir simultáneamente demasiados tubos.

La técnica aséptica consiste en anticiparse a estos riesgos y trabajar de forma que se reduzca la entrada o transferencia de contaminantes.

No se trata solamente de llevar guantes. Se trata de saber qué hemos tocado con ellos y ser conscientes de esa importancia.

➤ Contaminación en Anatomía Patológica

En Anatomía Patológica también pueden producirse contaminaciones cruzadas.

Durante el procesamiento y corte de los tejidos pueden aparecer pequeños fragmentos ajenos, conocidos en ocasiones como “flotantes”, que terminan depositándose en una preparación que no les corresponde.

Pueden proceder de:

  • El baño de flotación.
  • El microtomo.
  • Las pinzas.
  • Las cuchillas.
  • Los moldes.
  • Las superficies.
  • Una preparación anterior.
  • El procesamiento compartido de tejidos.

La presencia de un fragmento extraño en un portaobjetos puede generar una imagen confusa. Por eso debe valorarse si su morfología, localización y características son coherentes con la muestra analizada.

La limpieza entre bloques, la renovación del agua, la revisión de las superficies y la correcta identificación son esenciales.

Aquí vuelve a aparecer el trabajo detectivesco del laboratorio: no todo lo que observamos en una preparación pertenece necesariamente al tejido del paciente.

➤ Contaminación de las muestras clínicas antes de llegar al laboratorio

En ocasiones, la contaminación se produce durante la recogida.

Un ejemplo frecuente se encuentra en los hemocultivos. Si la piel no se prepara correctamente, microorganismos de la microbiota cutánea pueden entrar en el frasco y crecer durante la incubación.

El laboratorio detectará un microorganismo real, pero tendrá que valorarse si procede de la sangre del paciente o si se introdujo durante la extracción.

También puede producirse contaminación cuando una muestra de sangre se obtiene desde una vía por la que se están administrando sueros o medicamentos. El contenido de la vía puede diluir o modificar determinadas concentraciones.

Esto demuestra que la calidad no comienza cuando la muestra cruza la puerta del laboratorio. Empieza en el momento en que se prepara al paciente y se realiza la recogida.

➤ ¿Cómo sabemos que existe una contaminación?

A veces la contaminación es evidente:

  • Aparece turbidez.
  • Cambia el color del medio.
  • Crecen colonias inesperadas.
  • Las células modifican su morfología.
  • Se detectan partículas.
  • Un cultivo desprende un olor extraño.

Pero en otras ocasiones la primera señal es un resultado que no encaja.

Podemos sospechar cuando:

  • Un control negativo aparece positivo.
  • Varias muestras muestran el mismo resultado inesperado.
  • El blanco presenta señal.
  • Aparece una desviación repentina.
  • Los cultivos crecen más lentamente.
  • Los resultados no son reproducibles.
  • El valor cambia al repetir el análisis.
  • Las muestras procesadas después de una concentración elevada también aparecen elevadas.
  • Se detecta un patrón relacionado con un reactivo, equipo o lote concreto.

Los controles, auditorias y buenas prácticas, son nuestros testigos.

➤ Limpiar, desinfectar y esterilizar no son sinónimos

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Una superficie puede parecer limpia y continuar contaminada. También puede haberse aplicado un desinfectante que no sea eficaz frente al microorganismo presente o que no haya permanecido el tiempo de contacto necesario.

Antes de desinfectar suele ser necesario retirar la materia orgánica, ya que esta puede reducir la eficacia de algunos productos.

Además, utilizar más cantidad de desinfectante no significa necesariamente desinfectar mejor. Deben respetarse la concentración, compatibilidad, caducidad y tiempo de contacto indicados.

Por lo tanto, cada punta que cambiamos, cada superficie que limpiamos y cada control que revisamos tiene una razón.

Quizá nunca sepamos cuántas contaminaciones hemos evitado haciendo bien nuestro trabajo. Precisamente ahí se encuentra el valor de la prevención.

En un laboratorio no solo importa encontrar lo que buscamos. También importa demostrar que nada ajeno ha conseguido colarse y cambiar la historia de la muestra.

¿Alguna vez habías pensado que una simple partícula invisible podía poner en duda todo un resultado?